Guía completa
El cambio que más se nota
Pintar un coche entero es la intervención estética con más impacto que se puede hacer sobre un vehículo: devuelve el brillo perdido con los años y, si además se cambia de color, transforma la percepción del coche por completo. Bien ejecutado, dura 15-20 años sin sobresaltos. La diferencia entre un repintado cuidado y uno hecho con prisa se nota desde el primer vistazo — goteos, partículas atrapadas en el barniz, tonos que no casan entre paneles.
Por qué pintamos en nuestra propia cabina
No subcontratamos este trabajo. La razón es puramente técnica: el resultado depende de un entorno limpio y filtrado (cualquier mota de polvo queda atrapada para siempre), de una temperatura estable entre 15 y 25 °C para que el barniz cure bien, de humedad controlada para evitar el “blooming” (manchas blanquecinas en el acabado) y de respetar el tiempo de secado entre capas. Una cabina improvisada en un garaje sin filtración da un resultado peor y que dura menos, por mucho que el color de salida parezca el mismo.
El detalle que marca la diferencia: el espectrofotómetro
Igualar el color actual del coche no es tan simple como usar el código de fábrica. El sol y los años decoloran la pintura original de forma desigual entre paneles, así que el color “de catálogo” ya no coincide con lo que hay puesto. Medimos el color real en varias zonas con un espectrofotómetro digital y ajustamos la mezcla a partir de ahí. Sin esta herramienta, algunos talleres mezclan a ojo comparando con muestras — y la diferencia entre paneles se acaba viendo, sobre todo con luz de sol directa.
Sol, sal y por qué el punto de partida importa
En un coche que aparca al aire libre cerca de la costa, la pintura no solo pierde brillo antes por el sol: el aire cargado de sal acelera la aparición de puntos de óxido en juntas, bajos de puertas y pasos de rueda, sobre todo si ya hay algún desconchón que deja el metal al descubierto. Por eso, antes de dar un precio cerrado, revisamos también esas zonas — no tiene sentido pintar encima de un punto que ya está oxidándose por dentro, porque la humedad queda sellada y el problema reaparece meses después. Si detectamos algo así, se trata como chapa antes de pasar a pintura.
Sólida, metalizada, perlada o mate
Cada acabado tiene su propio proceso: la sólida es la más sencilla (una capa más barniz); la metalizada añade una capa con escamas de aluminio; la perlada suma una capa nacarada extra y cuesta entre un 10 y un 15% más; y el mate necesita un barniz específico que no se pule ni se encera igual que el resto, así que pide un cuidado distinto después.
Garantía
Dos años cubriendo descascarillado, pelado prematuro o mala adherencia. No cubre daños posteriores — golpes, rayones nuevos o productos químicos agresivos — pero para eso ya existe una reparación puntual normal.